...La compañía en la que estaba Gleowine era comandada por Endain, el joven teniente que todavía convalecía de un mazazo que recibió con la cabeza en la última batalla. Thaetrius, segundo al mando y parco de palabras, era un padre de familia que la guerra sorprendió en una taberna, y fué tomado en las levas forzosas. Llevaba más tiempo que ninguno en la compañía, por lo que todos le tenían en gran estima y respeto. Los soldados eran Darbaus, un leñador que se alistó voluntariamente, lamentantándose de ello a todo aquél que quería escucharle; Alain, joven, hermoso, un timador de primera que estaba en el ejército solo porque las damas nobles del reino gustaban de oír hazañas de guerra, lo que lo hacía temerario (rayando en la estupidez según Thaetrius) en el combate. Maen era un antiguo presidiario, mientras cumplía condena un reclutador le ofreció conmutar la pena que le restaba en las minas por años de servicio en la milicia, prometiéndole desayuno y 2 comidas calientes al día, cosa que Maen consideró razón suficiente para aceptar, siendo la posibilidad de morir no más que un detalle insignificante, por lo que siempre andaba sonriente. Andineth y Ursine eran hermanas, Ursine entró al ejército para huir de un matrimonio arreglado y conocer el mundo, Andineth sólo siguió a su hermana, ya que sin Ursine ella era la siguiente en la lista. Por último, Nanaia, una joven campesina, cuyo hogar estaba amenzado por los invasores y se enroló para evitar que enviaran a su padre, hombre ya viejo y enfermo.
Con ellos, Gleowine fué aprendiendo poco a poco los usos y costumbres de un recluta, que nunca dejaron de parecerle extraños. Aunque al principio sus compañeros le miraban con recelo, pronto terminaron aceptando al medio-elfo de mirada melancólica, y en las fogatas disfrutaban sus historias del mundo antiguo y las anécdotas de su vida como aventurero.
martes, 9 de febrero de 2010
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